27.1.09

Ontología Cyborg

A través del libro de Teresa Aguilar “Ontología Cyborg” y su exposición de diferentes posturas en torno al devenir-cyborg consideré que tal vez en el capítulo sobre la transhumanidad se vislumbrara un “trans” algo diferente del “abolir el cuerpo pues cuando la conciencia de información pura se descargue en la red se podrá prescindir de él.
El cyborg en efecto es un monstruo, una demontruosité, monstruo que muestra, pero parece que debe éste ser superado por una hiperconciencia e información pura que resuena a hegelianismo, entre otras cosas, oponiendo el cuerpo a la conciencia y apelando a una síntesis cuyo resultado debe ser la abolición, la supresión corporal:

El transhumanismo se plantea un ser trascendental, abstracto, puro, para lo cual no necesita un anclaje humano de tipo orgánico, sino que más bien éste se resuelve en impedimento para la existencia posbiológica por lo que se hace necesaria su supresión.”

Y también:

Los seres humanos se definirían como poshumanos […] puesto que habrían logrado deshacerse de toda dependencia de sus partes biológicas.”

Haraway en cambio, es más prudente en este aspecto:

El cyborg es texto, máquina, cuerpo y metáfora, todos teorizados e inmersos en la de comunicaciones.

El cuerpo (y cuando hablamos de él parece que nos referimos a la carne) debe ser destruido o abandonado, como un cascarón. Creo que el cuerpo, desde la óptica de la Realidad Aumentada supone la apertura a un plus de realidad y la mejora sustancial del propio cuerpo y, por ende, de la conciencia en él también maquinando. La cuestión de la proporción metal (tecnología)-cuerpo(carne) que se debería mantener para no quedar aislados del Mundo y para evitar estar a la vez demasiado sujetos a él es un paradigma que se presenta importante. No debemos pensar como si de porcentajes se tratara. Esto nos situaría más en un plano ético de corte humanista mediante la pregunta “hasta qué punto arriesgaremos nuestra propia naturaleza”. Tampoco veo positivo que la cuestión se plantee en términos de cocientes de acceso inmaterial o receptividad de información pura, al estilo transhumanista. En este sentido, el debate giraría constantemente alrededor de un centro de gravitación lingüística y comunicativa idealista (no abstracta), a saber: El perfecto canal, el perfecto emisor-receptor y el perfecto mensaje.

En un lado de la balanza, la carne humanista, en el otro, el filete informativo ideal. Lo que va sucediendo en el medio es la figura de un cyborg que no busca un paraíso informativo ni opera con la melancolía de lo que fue o pudo haber sido. Un cyborg que apuesta por una Realidad Aumentada a partir de una virtualización-actualización de los datos de la misma a través de dispositivos concretos materiales y, sin duda, abierto a nuevas combinaciones y recombinaciones que generen afectos activos y pasivos y que en cualquier caso supongan un plus de realidad en continua apertura y captura.

Retomando el tema de la materia-cuerpo, es importante discernir entre cuerpo-conformante y cuerpo-afectante-afectado.

El cuerpo es imperfecto cuando se compara (de entrada fascinándose por X disposición tecnológica) con máquinas técnicas, precisas en producción, ritmo no decadente y paso de orden a ejecución rápidamente, susceptible de ser automatizada o programada. No es que se trate de comparar “distintas naturalezas”, sino de comparar entidades que cualitativamente difieren en forma, contenido, expresión y producción.

Esta fascinación idealista toma lo alopoiético como base o, al menos, como si la información fuese lo único relevante y digna de ser tratada / procesuada en primer plano. Todavía la información pura es entendida como bautizo del cyborg. Es cierto que se dice que estamos en la sociedad de información, pero aun dado esto por supuesto, existe una infosfera que de ningún modo se abstraería del resto de esferas, sino que en realidad, está francamente conectada. Esta infosfera es especialmente relevante en la
new economy y en el desarrollo de empresas puntocom o en el aspecto mercantil y bursátil de los resultados de empresas que no operan directamente en la Red.

La infosfera también sucumbe –cómo podría ser de otra manera- a la colonización de “terreno” ciberespacial, bien a través de dominios y especulación con ellos, bien a través de adquisición de direcciones (nombres de los sitios web). En tal caso, la información se pone entre paréntesis a favor de aquel producto que en poco tiempo saldrá al mercado (cualquier tipo de producto) y necesite un nombre comercial o marca. El nombre comercial es menos información que distintivo y engloba a la información que de otros productos se desprende para hacerse notar.

¿Por qué hablar de empresas y capitalismo a la par que de Realidad Aumentada y transhumanismo? Fundamentalmente por tres motivos:

a) El capitalismo quiere lo desterritorializado, el transhumanismo la desterritorialización absoluta de la conciencia. Ambos encuentran en la Red la “nueva tierra prometida” donde continuar y culminar su sistemática.
b) El cyborg es el semi-esquizo de la Red y del post-humanismo. El cyborg fue máquina y ahora es máquina con acomples alopoiéticos que favorecerán la autopóiesis que Guattari explica en Caósmosis.
c) El capitalismo y el cyborg se infectan entre sí. El planteamiento cyborg debe saberse capaz de infectar sin ser infectado por el antídoto que lo anularía o codificaría, bien en el plano ciberespacial, bien en el territorial no ciberespacial.

No sabemos lo que puede el cuerpo, y en vez de fomentar y descubrir su potencia exógena-acomple-endógena, prácticamente se quiere hacerlo desaparecer, de forma sutil o directa a favor de una pureza informacional. Quedan muchas aportaciones positivas a este paradigma, y a ella se suma la fisionomía, tan olvidada en nuestros días.

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